
Cada vez que diseño mi infierno personal, lo veo claro: va a tener varios salones, o galerías, al estilo de la divina comedia, de Dante. En el primero me va a recibir una tuna compostelana dirigida por Jota Mario Valencia. Va a ser terrible. Luego, un buffet inmenso, donde se me presenta un mostrador gigantesco lleno de gelatinas de pata con jugo de tomate de árbol. El tercero va a ser una serie de televisores gigantes, donde indefectiblemente el Real Madrid pierde por goleada con el Barcelona. El cuarto, un viaje eterno a comprar ropa con mi esposa. Ella se mide piezas de todos los colores y no se decide por ninguna. Salimos veinte horas después, diciendo que nada le gusta. Luego voy a entrar a un kinder donde me toca cuidar una multitud gigante de niños de tres años que no son míos. Pero luego aparece el peor salón, el más infernal: entro en un café ocupado por mesas infinitas, todas ellas con una silla ocupada por un coach, y al frente, una silla para mí. Lo primero será sentarme y recibir la pregunta obligada: ¿ Cómo estás ? a lo que yo respondo...¡ Muy bien ! ...y luego viene la inevitable apelación del omnipotente coach: ..."No, en serio, cómo estás ?. Luego vendrán preguntas cómo...¿ Por qué no te das permiso de mirar tu problema desde otra perspectiva ?....o....¿Te hace click o te resuena lo que te estoy diciendo ? Y luego de tres horas de cafés infinitos y preguntas absurdas, el coach saldrá con cara de vencedor y bolsillo lleno del último salón de mi infierno personal, cobrándome trescientos mil pesos por hacerme preguntas que, en cualquier domingo o en cualquier tarde para matar el tiempo con algún amigo harían parte de una conversación normal, tranquila, sencilla, y sobretodo, sin ínfulas de querer cambiarle la vida a nadie....
